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Reflexiones

¡Escucha!  - Pr. Carlos Isaías Alberto - 02/08/2012


Deuteronomio 6:4

Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy (NBLH)

4 “Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios , el Señor uno es.


Asistimos a una época donde como jamás nunca, estamos más intercomunicados, sin importar distancias, idiomas ó medios por lo cual accedemos a la comunicación.

Pero sin bien nos escapamos a este fenómeno, tenemos que poner el acento en una situación paradójica, ¿cuál es?:.... no escuchamos.

Nos estamos olvidando de educar nuestro oído. Oímos, pero no discernimos lo que oímos. Nos cuesta mucho, a veces,  descifrar que fue en realidad lo que se nos quiso decir, porque si bien escuchamos el mensaje pero, al mismo tiempo estamos atendiendo a otras actividades, porque se nos ha impuesto un tan gran carga ocupacional que aun delegando, muchas veces necesitamos que se nos repita nuevamente lo que hace un momento se nos fue dicho claramente.

Si vamos a la Palabra de Dios. En Génesis 3:17, vemos que Dios le llama la atención a Adán por haber escuchado la voz de la mujer que a su vez ya había escuchado otra voz, la voz de la serpiente, por consecuencia pecaron. El escuchar otras voces, además de la de Dios, da como resultado el alejarnos de Dios y por ende, soledad, destrucción, pecado, dolor.

Cuando Dios nos promete una bendición, en ocasiones no la recibimos, pues no escuchamos con atención cuando se nos brindan detalles de cómo serán los eventos que desembocarán en la bendición prometida. Entonces corremos el riesgo de reírnos de la Palabra de Dios, como señal de incredulidad (Génesis 18:10). Cuando nuestros ojos están puestos en las circunstancias en que hoy vivimos y en nuestras posibilidades, nuestros oídos espirituales se atrofian y corremos el riesgo de caer en incredulidad. Pero las Palabra de Dios, son si y amén, y aunque pasen cielo y tierra, su Palabra no pasará y se cumplirá.

Conocemos a muchas personas hoy en día que están enfermos en su cuerpo y en su espíritu porque no han querido escuchar la voz de Dios (Éx. 15:26). Su Palabras te sanan, te libertan, te levantan a nuevas alturas, te inyectan vida, fe, esperanza, nueva visión.

Un flagelo que azota a toda la sociedad de hoy es la inseguridad, el no saber que va a pasar más adelante. Pero si escuchamos la voz de Dios, viviremos seguros y descansaremos en su Palabra sabiendo que en Él estaremos seguros y nada nos podrá tocar (Prov. 1:33).

Para el final de los tiempos, la Biblia nos ilustra que vendrán hombres y mujeres que no soportarán el mensaje del Evangelio y no querrán escuchar la Palabra de Dios, sino que apostatarán siguiendo a espíritus engañadores, por la dureza de su corazón pues han despreciado lo que es de Dios.

Más nos esperan días gloriosos, donde por el escuchar el mensaje de la Palabra millones serán transformados, salvados, renovamos. Por el escuchar el Evangelio, caerá sobre naciones, países, pueblos y continentes el Espíritu Santo, trayendo un avivamiento sin precedentes antes de la venida de Jesucristo por su Amada, la Iglesia. (Efesios 1:13)

Que nos queda hacer a nosotros, pedirle a Dios que sane nuestros oídos físicos y nuestros oídos espirituales,  para poder escuchar cuando Dios nos hable, y discernir cuando no es Dios quien nos habla.

Dios está buscando a los Samueles que escuchen su voz y la obedezcan. (1 Samuel 3:1-21).

Por esto, te animo a que juntos busquemos como sus hijos, santificar nuestros oídos, preparar nuestra audición para que cuando Dios nos hable nada ni nadie interfiera en su mensaje. Para que sus Palabra entren a nuestra vida y haga todo lo que tenga que hacer para que el ser interior que Dios ha puesto en nosotros vayan creciendo hasta tener la estatura del varón perfecto: Jesús.

12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;

14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error.

Efesios 4:12-14 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

¡Está todo preparado!  - Pr. Carlos Isaías Alberto - 16/03/2012


Lucas 14:17
y a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los que habían sido invitados: "Venid, porque ya todo está preparado."


Nos despertamos, muy temprano, por la mañana, nos sorprende el despertador, corremos a recomponer el rostro y la imagen física y facial que queremos mostrar en el espejo del baño. Desayunamos a medias con lo que podamos, repasamos la rutina del día, y salimos velozmente hacia nuestras obligaciones.

 

Durante todo el día, estamos pendiente de lo que nos rodea, de horarios, respuestas, compromisos, pedidos, necesidades, tensiones, broncas, golpes, heridas, triunfos, derrotas, noticias, pruebas, y todo nos lleva por un vaivén sin fin hasta que la noche llega una vez más. Así pasó un día más, pero para algunos aun la noche tiene su cuota de preocupaciones y desvelos.

 

Si mirásemos un momento por la ventana que da a la calle por donde pasa toda la humanidad, veremos que el día ya está pasando, y las primeras luces de la farolas se han comenzado a encender anunciando que la noche se acerca.

 

La noche donde se esconden un sin fin de peligros e intrigas, la noche donde la humanidad como un todo y donde cada persona individualmente tendrá que enfrentarse a su propia realidad, no la realidad que los medios de comunicación te quieren hacer creer, la realidad que se esconde detrás de una puerta, de una cortina de una ventana o detrás de un colorido cartel de publicidad que nos propone momentos de paz y de descanso en alguna región de no se qué parte del planeta tierra viajando en un crucero que jamás naufraga pero los que naufragan en sus vidas quieren salvarse pisando las arenas de una playa o sobre las alas de algún avión o con la compra de tal o cual servicio, lograr la seguridad que una sociedad insegura te quiere brindar, insegura porque no sabe dónde está parada.

 

De regreso a nuestras casas, abrimos la puerta de nuestra realidad y allí encontramos las alegrías, como así las necesidades, las victorias, como así también las verdaderas razones de la vida. Y muchas veces están descuidadas, olvidadas, o tal vez ya se han ido de nuestro lado, han sido suplantadas por otras razones que nos ha impuesto la sociedad o nuestro grupo donde frecuentamos pero que nos presiona a tener cierto estilo de vida.

 

¿Y dónde está Dios en todo esto?...

En el versículo que no ocupa hoy, vemos que Jesús nos muestra un momento del día, de nuestro día, de nuestra vida, la hora de la cena, el momento de reflexionar, el momento de sacar conclusiones luego de una jornada de trabajo, de un viaje, de toda una vida. De un tiempo donde detenemos la marcha y nos sentamos, donde necesitamos recomponer fuerzas, un tiempo en donde nos reencontramos con los seres amados, donde nos reorganizamos para reemprender nuevas tareas o continuar con nuevos bríos lo que veníamos haciendo. Un momento en el día en que nos miramos a la cara, donde se baja el tono de voz, donde se dicen cosas que durante el día no se pueden decir, donde nos aflojamos, bajamos la guardia, y en cierta manera nos quitamos la máscara que nos pusimos, ¿se acuerda? Cuando nos despertamos a la mañana.

 

Jesús nos invita, y nos hace una cita, a la hora de la cena, ahí quiero hablar contigo, ahí en ese momento de tu vida cuando te detienes a meditar, cuando tus días comienzan a declinar, cuando avizoras las penumbras de la noche que se acerca de un problema, de un momento de dolor, de una tragedia, de una angustia que no tiene fin, ahí el quiere encontrarse contigo, y sentarse frente a ti y cara a cara, escucharte hablar, escucharte que le cuentes tu realidad, tus sueños, tus logros, tus fracasos, tus errores como así también tus aciertos, tus nostalgias y tus aflicciones, tal vez te broten lágrimas ya sean de alegría como de dolor, pero Jesús estará allí para decirte: descansa, quítate tu calzado lleno de suciedades que se te han pegado en tu andar, sácate la máscara porque delante del Señor Jesús ya no sirven las máscaras, lávate las manos, esas manos que quizás están manchadas de sangre, de traiciones, de mentiras, de pecado, entonces sí, hablemos de tu vida, porque “está todo preparado”, lo que te hace falta, lo que perdiste, lo que sueñas, lo que se te fue quitado, lo que de ahora en más Dios te dará, las bendiciones, todo, todo, “ya está preparado”, ahora hablemos de ti….

 

Si esta noche, a la hora de la cena, el Señor Jesús, se te apareciera en tu mesa, estás preparado para recibirlo, estás preparada para invitarlo a tu mesa, ¿cómo está tu vida? ¿Cómo está tu relación con Dios?.... Porque Él, para tu vida ya tiene todo preparado.

Mientras, en tanto dura tu vida, en tanto avanzan las horas de tu diario vivir, vive pensando y preparándote para ese momento, para esa cita, para esa gran ocasión, en dónde te encontrarás frente a frente, a solas con Tu Señor, con tu Dios.     

 

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.( Apocalipsis 3:20)

¡Vuélvete a Dios!  - Pr. Carlos Isaías Alberto - 23/11/2011


Zacarías 1:3-4

3 Por lo tanto, adviértele al pueblo que así dice el Señor *Todopoderoso: 
      »"Vuélvanse a mí, 
      y yo me volveré a ustedes —afirma el Señor Todopoderoso—.

" No sean como sus antepasados, 
      a quienes les proclamaron 
      los profetas de antaño 
   que así dice el 
Señor Todopoderoso: 
      Vuélvanse de su mala conducta 
      y de sus malas prácticas. 
   Porque ellos no me obedecieron 
      ni me prestaron atención 
—afirma el Señor—.
   

 


 

Vivimos corriendo de aquí para allá, con esa sensación que no es tan sensación de sentir y percibir que el tiempo no nos rinde como antes. Que hagamos lo que hagamos, aunque nos levantemos mas temprano, aunque ajustemos nuestra agenda, aunque quitemos parte de nuestras tareas habituales del programa diario. Aun así, llega la noche y es como que no hicimos nada. Pero con una diferencia, estamos extenuados, fatigados, cansados, agobiados.

Estamos inmersos en una espiral de trabajo y obligaciones sin salida. Lo que nos lleva a la tentación de dejar de lado nuestra vida espiritual, aun nuestra vida familiar en ciertos casos, o tal vez patear el tablero, y huir de toda esa cotidianeidad en que nos sumergimos.

Y así pasan las horas, y vamos dejando de a poco nuestra tarea de prepararnos para encontrarnos con nuestro Creador.

Pensamos que ante tanta seguridad que nos ofrece la sociedad actual, nuestra vida será eterna en este suelo terreno.

Pero solo basta con ver de reojo los noticieros, para darnos cuenta cuan frágil es nuestra vida, y más con todo lo que enfrentamos a diario.

¿Y Dios dónde está en todo esto?

Esa pregunta, retumba en cada conciencia de todos los que vivimos en esta Tierra, pero la culpa no es de Dios sino de nosotros mismos (aunque no lo queramos reconocer).

¿Dónde está Dios en tus planes? ¿Dónde está Dios en tus problemas? ¿Dónde pusiste a Dios en tus sueños? ¿Cómo piensas enfrentarte a Dios cuando te pidan cuentas de lo que has hecho con tu espíritu, alma y cuerpo en esta breve pauta de tiempo?

Dios a través del Profeta y de Su Palabra, clama a voz en cuello en las esquinas de las calles, en las plazas, en los hogares, en las escuelas, en las rutas, en las iglesias, en casa puerta de cada hogar, en cada puerta de cada corazón, diciendo: ¡Vuélvete a Dios!

Vuélvete, ese camino que llevas ya lo transitaron tus antepasados y solo lograron miseria y desazón. Vuélvete, reconocer tu necesidad de Dios, vuélvete, no persistas en algo que sabes en lo más profundo que te lleva a tu muerte, a tu destrucción. Vuélvete mientras haya tiempo, mientras el favor de Dios está disponible para ti y los tuyos.

Vuélvete, entonces Dios se volverá a tí, y te restituirá todo lo que has perdido, aun los bienes materiales, tu familia, tu tiempo, tu vida, todo... pero, no tardes......

El tiempo es algo que no nos pertenece, se nos presta... no lo desperdicies.

Vuélvete a Dios.... y serás prosperado.

Vuélvete a Dios y serán enriquecido de toda buena dádiva del Dios de los cielos.

Vuélvete a Dios, reconócelo en tu vida como tu Señor, como tu Salvador, como tu Dios, como tu Amo, como tu Amigo, como tu Defensor, como quien te provee Todo lo que necesitas... Ya es tiempo, de que tu vida cambie, y seas feliz en los brazos de Aquel que nos amó, Testigo Fiel, Consolador, Padre Eterno, Dios Fuerte...

¡Vuélvete!... El Señor Jesucristo, tu Buen Pastor ya hace tiempo que te anda buscando, para cargarte en sus hombros y llevarte a su Hogar donde sanará tus heridas, enjugará tus lágrimas, serán mudadas tus ropas por ropas de santidad y pureza y comerás en la mesa que el mismo Señor preparará para tí en presencia de todos aquellos que han buscado tu mal.

¡Vuélvete!

Y después de esto... - Pr. Carlos Isaías Alberto


Eclesiastés 9:2-3

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

2 Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica; como al bueno, así al que peca; al que jura, como al que teme el juramento.

3Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos.

 


Desde que despertamos hasta que nos volvemos a acostar, pasa todo un día lleno de preocupaciones, contratiempos, dolores, nerviosismos, alegrías, triunfos, sueños realizados pero también muchas promesas que se esperan cumplir.

Todo esas situaciones, esos momentos, esas emociones, nos suceden a todos de la misma manera alguna vez en la vida. Lo que hace la diferencia es de la manera en que cada persona las enfrenta, las asimila, las aprovecha o las desaprovecha, de la manera que las disfruta o las malgasta.

Así como un instrumento musical emite diferentes sonidos según con la intensidad con que hace vibrar el mismo aire que respiramos usted y yo. Por lo que podemos concluir que no es el aire, sino con la intensidad con que hacemos vibrar, es decir afectamos a lo que nos rodea, al que nos escucha, al que se deleita o no con nuestra melodía, esa melodía que día a día estamos ejecutando con nuestro ser, con nuestras palabras, con  nuestros hechos. Seamos quienes seamos, hagamos lo que hagamos, por más insignificante nos sintamos o creamos que somos, o tal vez todo lo contrario, nos creamos que somos alguien con derecho a hacer algo, aún así, nos acontece un mismo suceso.

Como vemos en el vers. 2 de Eclesiastés 9, en el corazón del hombre descubrimos esta imprudencia, y ¿cuál es esa imprudencia?

Esa imprudencia está originada en el mal que guarda nuestro corazón, ese mal que no nos deja acercar a Dios, a buscar a Dios, por lo que Dios se nos ha acercado a través de Nuestro Señor Jesucristo, y con su mensaje de restauración, de perdón y de Salvación, manifestado en la cruz del calvario y de la esperanza de vida, al resucitar de entre los muertos, nos abrió un camino de esperanza para que toda esa insensatez que engrosa los corazones de todos los hombres, sea quitada, hecha cenizas y entonces sea transformado en un corazón conforme al corazón de Dios, un corazón que sea el templo y morada del Espíritu Santo, ese Ayudador que nos capacitará para alcanzar la estatura necesaria para atravesar la barrera de la muerte, esa muerte que el hombre de hoy no quiere reconocer que es la que devora todos los sueños, todo el tiempo dedicado a una realización personal que se trunca inesperadamente.

Pero no olvidemos que debemos mantener una conducta en estos tiempos en que vivimos: "En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza. - Eclesiastés 9:8".   

¿Cual sería entonces la manera correcta de vivir?

Eclesiastés 9:9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.

10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

Es decir, vive tu vida, vive cada momento, preparándote para reencontrarte con tu Creador, y para que ese encuentro, le arranque la mejor sonrisa al verte entrar a Su Casa nuevamente de donde un día saliste para caminar por esta tierra.

- ¡Porque eso nos espera después de esto!

Gozo Perpetuo - Pr. Carlos Isaías Alberto


Isaías 35:10

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

10 Y los redimidos de Jehová volverán, y vendrán a Sion con alegría; y gozo perpetuo será sobre sus cabezas; y tendrán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.


Esta promesa nos acerca a un tiempo de extrema bendición, por lo tanto deberíamos buscar de todo corazón esa redención que sólo se halla en los brazos de Jesucristo a través de su Obra en la cruz del Calvario. Allí el precio de nuestras vidas fue cancelado y por esa muerte del Cordero de Dios, podemos entrar confiadamente a la presencia de Dios, sabiendo que por los méritos de Cristo no hay impedimento para gozar de toda bendición, de una herencia de Gloria, de vivir una paz que, todos los sistemas creados por el ser humano en toda su historia sobre la tierra no la han logrado siquiera asemejar, esa paz que nos deslinda del peso del pecado, sabiéndonos justificados en la esperanza de una fe que no tiene sombra de variación, una justicia que se obtiene por fe en el autor y en el consumador de la redención, de la salvación, de manifestar con toda nitidez la razón por la cual en el deseo de Dios existió, cuando creó a la humanidad, a su imagen y semejanza.

Esa semejanza que perdimos por el pecado, pero tenemos un abogado entre Dios y los hombres, que nos invita a volvernos a su trono de misericordia, a ese Sión donde habita la presencia de Dios, volvernos arrepentidos para hallar el oportuno socorro, volvernos para que brote nuevamente la alegría, ese estado de nuestra vida que se regenera día a día a través de la comunión con el Señor Espíritu Santo, y de Su Palabra.

No tardemos, nos dejemos que la acusación y el peso del pecado nos sea de obstáculo, en disfrutar de la promesa de Isaías 35:10 sea hecha realidad en cada uno de nosotros.

 

Cumplirás los Propósitos - Pr. Carlos Isaías Alberto


En ocasiones, nos detenemos a preguntar, si valió la pena haber dedicado tantos esfuerzos en alcanzar los logros, las metas, y los sueños, o tal vez, levantarnos una y otra vez, luego de besar el polvo tan solo para despojarnos por un momento de esa especie de sustancia chiclosa que se no quiere aferrar a nuestro ser, que hemos dado en llamar "orgullo".

Pero como decía, nos cuestionamos, si tantas heridas, tantas lágrimas, tantas noches sin dormir, tantos proyectos, sueños y demás ideas que se fueron quedando relegados en un tiempo que tal vez ni memoria nos queda.

Pero, la Biblia nos da esperanzas para todas esas materias pendientes que se nos quedaron guardadas a saber en qué cajón de ese escritorio que es nuestra mente.

En cuanto se dice hoy, Dios nos ofrece que traigamos todas esas situaciones antes mencionadas y se las depositemos a sus pies, y descansemos, descansemos es decir, dejémoslas confiados que de alguna manera Él sabrá como devolverles vida y ponerlas al tope de las prioridades desde alguna vez fueron archivadas, siempre y cuando están alineadas con sus propósitos eternos para nuestra vida.

La reina Ester, se sintió abrumada en aquella ocasión, cuando su tío Mardoqueo la confrontó con una realidad, tan palpable como quizás la que usted está viviendo en éste día. Ella, pasó todo un tiempo de ayuno (Ester 4:15), un tiempo de preparación, de encontrar respuestas a tantas preguntas que tendría desde cuando era una niña, una niña que vió cómo sus seres queridos le eran arrancados, muertos por la intolerancia y la violencia del odio sin razón de gente que ella luego en el presente debe enfrentar cara a cara.

Una oportunidad que se le presenta sin buscarla, para reivindicarse, para cerrar cuentas, para limpiar odios, y secar lágrimas nunca declaradas, solo en la intimidad con Dios.  Pero Mardoqueo, la desafía como quizás hoy Dios por las circunstancia en que estás y por Su Palabra nos desafía, a que si seguimos callados o estáticos no vamos a lograr nada.

Quizás has venido en un derrotero de pruebas, tras pruebas, privaciones dolores, angustias, pero debes saber que con un propósito han sido, han sido para este momento, el momento de enfrentar tu pasado, tu realidad, y tu futuro.

Prepararte para la batalla de tu vida. Recuerda para Dios ya eres un rey o una reina, tiene la posición, pero debes peticionar ante el Rey de reyes, el espera que te vuelvas a Él, hace mucho tiempo que no tienes intimidad con tu Señor. Vuélvete y tendrás el favor que necesitas. Vuélvete para hablar con Dios, usa las palabras sabias, recuerda tu enemigo ha decretado la muerte para todos los hijos de Dios, pero Dios el Señor, el Rey de Gloria, el Soberano del Universo, ya te ha dado victoria sobre todo edicto del Diablo, la trampa que han preparado para ti y los tuyos, será para tus enemigos (Ester 7:9-10)

Por eso, todo sirvió para templarte, para prepararte, para disponer tu corazón, para acrecentar la confianza en Dios, en su Palabra. 

Una letra de una canción dice:

A sido largo el viaje pero al fin llegué,
la luz llego a mis ojos aunque lo dudé,
fueron muchos valles de inseguridad,
los que crucé,
fueron muchos días de tanto dudar, pero
al fin llegue, y llegue a entender...

Que para esta hora he llegado,
para este tiempo nací,
en sus propósitos eternos yo me vi,
para esta hora he llegado,
aunque me ha costado creer,
entre sus planes para hoy me encontré.

Y nunca imagine que dentro de su amor,
y dentro de sus planes me encontrara yo,
fueron muchas veces que la timidez,
me lo impidió,
fueron muchos días de tanto dudar,
pero al fin llegue, y llegue entender...

Ah sido largo el viaje pero al fin llegué.

 

Sepamos que no importa lo corto o lo largo del viaje, vas a llegar, y cumplirás los propósitos de Dios en tu vida. ¡Eres un conquistador!


Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa.

Juan 15:11
 

 

 

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